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GRUPO DE MATRIMONIOS DE NUESTRA SEÑORA DE EUROPA


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Retiro Adviento


RETIRO DE ADVIENTO
28 de noviembre de 2009


PROGRAMA

10.00 h: Acogida y Oración inicial
10.15/11.00 h: Puntos de Meditación
11.00/12.00 h: Oración personal
12.00/12.15 h: Descanso
12.15/12.45 h: Puntos de Meditación
12.45/13.30 h: Oración personal
13.30: Primeras Vísperas de Adviento


ORACIÓN INICIAL

¡Ven, Señor Jesús!: "El que viene llegará sin retraso y ya no habrá temor en nuestra tierra, porque Él es nuestro Salvador" ( Hebreos 10,37).
Que la Iglesia, mensajera de Cristo en el mundo como Juan el Bautista, sepa decir a todos quién es la Buena Noticia de la Salvación.

¡Ven, Señor Jesús!: "Escuchad, pueblos, la palabra del Señor; anunciadla en los confines de la tierra: Mirad a nuestro Salvador que viene; no temáis" (Jeremías 31,10; Isaías 35,4). Cuando llegue el Dueño de la Casa, no nos encuentre dormidos, sino velando y cumpliendo la tarea encomendada.

¡Ven, Señor Jesús!: "Exulta, cielo; alégrate, tierra, porque viene el Señor y se compadecerá de los desamparados" ( Isaías 49,13).
Tantos sufren a causa de la enfermedad, el paro, la soledad; que sientan en nuestra ayuda fraterna la cercanía del "Dios-con-nosotros".

¡Ven, Señor Jesús!: "El Señor llegará sin retrasarse, él iluminará lo que esconden las tinieblas y se manifestará a todos los pueblos" (Habacuc 2,3; 1 Corintios 4,5).
Tantos dicen que Dios ha muerto, y Él en persona viene a ser el amigo de los hombres.

¡Ven, Señor Jesús!; "Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca" (Filipenses 4,4-5).
Como María, Llenémonos de la alegría del Espíritu y llevemos a los hermanos la esperanza de la Buena Nueva.


1ª MEDITACIÓN

"DIOS VIENE"


"Mira que estoy llamando a la puerta. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Apocalipsis 3/20).

El Señor está llamando a mi puerta: ¿Le abriré mi corazón?

  • ¿Me da miedo que el Señor entre en mi vida y la complique? Cuando Dios llama para entrar en la vida de un hombre y darle una misión, la primera reacción suele ser la turbación. Como Pedro, estoy tentado a decirle: "Apártate de mi que soy un pobre pecador" (Lucas 5/8).


  • ¿Si le abro puerta de mi casa, cómo la encontrará? La conciencia de la propia indignidad/ los rincones oscuros de mi alma -aquellos que yo mismo no me atrevo a mirar pueden ser un freno para abrirle la puerta: "Señor, no te molestes. Yo no soy digno de que entres en mi casa" (Lucas 7/6).


Si le abro la puerta, el Señor entrará en mi casa: ¿Cómo se sentirá en ella?

  • Por el misterio de su Encarnación Jesús viene a mí para identificarse con todo mi ser, el Señor asume la complejidad de mi vida, nada mío le es indiferente. El Señor se ha fijado en mi/me ha mirado, y su venida me trae una alegría única: "Cuando Jesús llegó a aquel lugar, levantó los ojos y le dijo: -Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. Él bajó a toda prisa y lo recibió muy contento" (Lucas 19/5-6)."


  • Al alojarse en mi casa el Señor la purifica y renueva; la fuerza de su amor es capaz de recrear en mí lo que parecía muerto, su perdón radical me posibilita ser una criatura nueva: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa ... Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar ya salvar lo que estaba perdido" (Lucas 19/9-10). "Que yo no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores, para que se conviertan" (Lucas 5/32).


Al entrar en mi casa el Señor cenará conmigo y yo con él: ¿Qué siente Jesús al entrar en mí? ¿Cómo reacciono yo?

  • Abrirle la puerta al Señor, ¿puede producirle alegría?: "Alegraos conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido" (Lucas 15/6).


  • Cuando el corazón ha sido radicalmente sanado, el hombre es capaz de lo imposible: "Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres y si engañe a alguno, le devolveré cuatro veces mas" (Lucas 15/8).


  • Cenar con el Señor y Él conmigo es la comunión íntima y personal con Cristo. Es una vida según el Espíritu de Cristo, quien produce en el cristiano, como primicias de la gloria/ sus frutos: "Amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad/ dominio de sí mismo" (Gálatas 5/ 22-23).



2ª MEDITACIÓN

MARÍA MODELO DEL ADVIENTO



"Para la venida de Cristo que podríamos llamar "encarnación espiritual", el arquetipo es María. Como la Virgen conservó en su corazón al Verbo hecho carne, así cada una de las almas y toda la Iglesia están llamadas en su peregrinación terrena a esperar a Cristo que viene, ya acogerlo con fe y amor siempre renovados" (Benedicto XVI).

En la Anunciación (Lucas 1,26-38):

  • "Alégrate, María": La alegría es fruto del Espíritu en la vida del cristiano. ¿Cómo anda de alegría mi vida cristiana?
  • " El Señor está contigo": El Señor habita en mí y yo en Él. ¿De verdad me lo creo?
  • "No temas, María, pues el Señor te ha concedido su favor": Somos los favorecidos de Dios. ¿Disfruto sabiendo que Dios me ama?
  • ''Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra": La respuesta confiada de María es el modelo perfecto del creyente. ¿Pongo mi vida en las manos de Dios?


En la Visitación (Lucas 1,39-45):

  • "María se puso en camino y se fue deprisa a la montaña": El cristiano no guarda el tesoro de la fe, sino que lo comparte con quien le necesita. ¿La fe en Dios me lleva al prójimo?
  • "Bendita tú entre las mujeres": Dios nos ha bendecido en su Hijo. ¿Me sé bendito de Dios?
  • "Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá": Dios es fiel y cumple sus promesas. ¿Me fío de Dios y confío en su Palabra?


En el Magnificat (Lucas 1,46-56):

  • "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador":
  • Alabanza y alegría son la primera respuesta a Dios. ¿Tengo un corazón agradecido?
  • "Ha mirado la humillación de su esclava ... Ha hecho obras grandes por mí": Dios se fija en los pequeños y manifiesta en ellos su poder. ¿En mis debilidades y pobreza veo la mano poderosa del Señor?
  • "Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia": Dios ama a los hombres y no se olvida del mundo. ¿La fidelidad de Dios me anima a ver la vida con esperanza?


En la Natividad (Lucas 2,19.51):

  • "María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su, corazón": El creyente mira los acontecimientos a la luz de la fe. ¿Hago una lectura creyente de la realidad? ¿Lo llevo a la oración?


MAGNIFICAT

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador,
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
Su nombre es Santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo,
dispersa a los soberbios de corazón.
Derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su santa alianza
según lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán
y su descendencia por siempre.





Meditación de Adviento de Benedicto XVI
Homilía en la celebración de las Vísperas del Domingo I de Adviento
2 de diciembre de 2006


Volvamos a escuchar la primera antífona de esta celebración vespertina, que se presenta como apertura del tiempo de Adviento y que resuena como antífona de todo el Año Litúrgico: "Anunciad a todos los pueblos: Dios viene, nuestro Salvador". Al inicio de un nuevo ciclo anual, la liturgia invita a la Iglesia a renovar su anuncio a todos los pueblos y lo resume en dos palabras: "Dios viene". Esta expresión tan sintética contiene una fuerza de sugestión siempre nueva.

Detengámonos un momento a reflexionar: no usa el pasado--Dios ha venido-- ni el futuro, -Dios vendrá--, sino el presente: "Dios viene". Si prestamos atención, se trata de un presente continuo, es decir, de una acción que siempre tiene lugar: está ocurriendo, ocurre ahora y ocurrirá una vez más. En cualquier momento, "Dios viene".
El verbo "venir" se presenta como un verbo "teológico", incluso "teologal", porque dice algo que tiene que ver con la naturaleza misma de Dios. Anunciar que "Dios viene" significa, por lo tanto, anunciar simplemente al mismo Dios, a través de uno de sus rasgos esenciales y significativos: es el "Dios-que-viene".

Adviento invita a los creyentes a tomar conciencia de esta verdad y a actuar coherentemente. Resuena como un llamamiento provechoso que tiene lugar con el pasar de los días, de las semanas, de los meses: ¡Despierta! ¡Recuerda que Dios viene! ¡No vino ayer, no vendrá mañana, sino hoy, ahora! El único verdadero Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y Jacob" no es un Dios que está en el cielo, desinteresándose de nosotros y de nuestra historia, sino que es el Dios-que-viene.

Es un Padre que no deja nunca de pensar en nosotros, respetando totalmente nuestra libertad: desea encontrarnos, visitarnos, quiere venir, vivir en medio de nosotros, permanecer en nosotros. Este "venir" se debe a su voluntad de liberarnos del mal y de la muerte, de todo aquello que impide nuestra verdadera felicidad, Dios viene a salvarnos.

Los Padres de la Iglesia observan que el "venir" de Dios --continuo y por así decir, connatural con su mismo ser- se concentra en las dos principales venidas de Cristo, la de su Encarnación y la de su regreso glorioso al fin de la historia (Cf. Cirilo de Jerusalén, "Catequesis" 15, 1: PG 33,870). El tiempo de Adviento vive entre estos dos polos. En los primeros días se subraya la espera de la última venida del Señor, como demuestran también los textos de la celebración vespertina de hoy.

Al acercarse la Navidad, prevalecerá por el contrario la memoria del acontecimiento de Belén, para reconocer en él la "plenitud del tiempo". Entre estas dos venidas, "manifestadas", hay una tercera, que san Bernardo llama "intermedia" y "oculta": tiene lugar en el alma de los creyentes y tiende una especie de puente entre la primera y la última.

"En la primera --escribe san Bernardo--, Cristo fue nuestra redención, en la última se manifestará como nuestra vida, en ésta será nuestro descanso y nuestro consuelo" (<<Discurso V sobre el Adviento", 1).

Para la venida de Cristo que podríamos llamar ",encarnación espiritúal", el arquetipo es María. Como la Virgen conservó en su corazón al Verbo hecho carne, así cada una de las almas y toda la Iglesia están llamadas en su peregrinación terrena a esperar a Cristo que viene, y a acogerlo con fe y amor siempre renovados.

La Liturgia del Adviento subraya que la Iglesia da voz a esa espera de Dios profundamente inscrita en la historia de la humanidad, una espera a menudo sofocada y desviada hacia direcciones equivocadas. Cuerpo místicamente unido a Cristo Jefe, la Iglesia es sacramento, es decir, signo e instrumento eficaz de esa espera de Dios.

De una forma que sólo Él conoce, la comunidad cristiana puede abreviar la venida final, ayudando a la humanidad a salir al encuentro del Señor que viene. Y esto lo hace antes que nada, pero no sólo, con la oración. Las "obras buenas" son esenciales e inseparables a la oración, como recuerda la oración de este primer domingo de Adviento, con la que pedimos al Padre Celestial que suscite en nosotros "la voluntad de salir al encuentro de Cristo, con las buenas obras".

Desde este punto de vista, el Adviento es más adecuado que nunca para convertirse en un tiempo vivido en comunión con todos aquellos --y gracias a Dios son muchos-que esperan en un mundo más justo y más fraterno.

Este compromiso por la justicia puede unir en cierto sentido a los hombres de cualquier nacionalidad y cultura, creyentes y no creyentes. Todos de hecho están animados por un anhelo común, aunque sea distinto por sus motivaciones, hacia un futuro de justicia y de paz.

iLa paz es la meta a la que aspira toda la humanidad! Para los creyentes "paz" es uno de los nombres más bellos de Dios, quien quiere el entendimiento entre todos sus hijos, como he tenido la oportunidad de recordar en mi peregrinación de estos días pasados a Turquía.

Un canto de paz resonó en los cielos cuando Dios se hizo hombre y nació de una mujer, en la plenitud de los tiempos (Cf. Gálatas 4,4).

Comencemos pues este nuevo Adviento --tiempo que nos regala el Señor del tiempo--, despertando en nuestros corazones la espera del Dios-que-viene y la esperanza de que su nombre sea santificado, de que venga su reino de justicia y de paz, y que se haga su voluntad así en el cielo como en la tierra.

Dejémonos guiar en esta espera por la Virgen María, madre del Dios-que-viene, Madre de la Esperanza, a quien celebraremos dentro de unos días como Inmaculada: que nos conceda la gracia de ser santos e inmaculados en el amor cuando tenga lugar la venida de nuestro Señor Jesucristo, a quien, con el Padre y el Espíritu Santo, se alabe y glorifique por los siglos de los siglos. Amén.


GLORIFICAD A DIOS CON VUESTRA VIDA

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