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GRUPO DE MATRIMONIOS DE NUESTRA SEÑORA DE EUROPA


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Retiro Cuaresma 09


RETIRO ESPIRITUAL DEL 7 DE MARZO DE 2.009



ORACIÓN INICIAL
HIMNO


¿Cómo has logrado, Señor,
este cambio nunca visto:
de Saulo, el perseguidor,
en Pablo, heraldo de Cristo?

Pablo muele en su molino
el antiguo Testamento,
Cristo le sale al camino,
le arrastra en su seguimiento.


Siempre la Iglesia recibe,
como un eco del Señor,
las cartas que Pablo escribe,
dictadas por el amor.

Infatigable viajero,
recorres la tierra entera,
apóstol y misionero
hasta el fin de tu carrera.

Como una flecha bruñida,
vas a la meta,de suerte
que sólo Cristo es tu vida,
y una ganancia la muerte.

Descúbrenos la victoria
de Jesús crucificado,
para compartir la gloria
del Señor resucitado.
Amén.



LECTURA

Yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo.



ORACIÓN

- Apóstol san Pablo, anunciador de la verdad y maestro de los gentiles,
- intercede por nosotros ante Dios que te ha elegido.

Señor, Dios nuestro, que has instruido a todos los pueblos con la predicación del apóstol san Pablo, concédenos caminar hacia ti, siguiendo su ejemplo, y ser ante el mundo testigos de tu verdad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.




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1ª MEDITACIÓN


La vida en Cristo
Centralidad de Jesucristo


"Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre, sin subir a Jerusalén donde los Apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente volví a Damasco" (Ga 1, 15-17).

La vida del Apóstol tiene su momento definitivo en el encuentro con el Resucitado: "Y por último, como a un aborto, se me apareció también a mí. Porque yo soy el último de los Apóstoles, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia no se ha defraudado en mí. Antes bien he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo" (1 Cor 15,8-10). Y también: "¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto a Jesús, Señor nuestro?" (1 Cor 9,1).

La experiencia de Cristo marca la ruptura con el
pasado: "Todo esto que para mí era ganancia, lo consideré pérdida comparado con Cristo; más aún, todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo" (Flp 3,7-8).

Ahora
la vida en Cristo es el centro de su existencia: : "Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí" (Gal 2,19-20)"; y también: "Para mí la vida es Cristo" (Flp 1,21).

Así, para el Apóstol se abre el
futuro de anunciar al Señor: "Por él [Jesucristo] hemos recibido este don y esta misión: que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre" (Rom 1,5); y también: "No tengo más remedio, y ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Pero si lo hago a pesar mío es que han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es mi paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio" (1 Cor 1,16).


"Cristo resucitado se presenta como una luz espléndida y se dirige a Saulo, transforma su pensamiento y su vida misma. El esplendor del Resucitado lo deja ciego; así, se presenta también exteriormente lo que era su realidad interior, su ceguera respecto de la verdad, de la luz que es Cristo... San Pablo, por tanto, no fue transformado por un pensamiento sino por un acontecimiento, por la presencia irresistible del Resucitado, de la cual ya nunca podrá dudar, pues la evidencia de ese acontecimiento, de ese encuentro, fue muy fuerte. Ese acontecimiento cambió radicalmente la vida de san Pablo" (Benedicto XVI, Audiencia general 3.09.08).


El Apóstol nos urge a pedir al Espíritu el don del conocimiento de Cristo: "Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro fundamento; y, así, con todo el pueblo de Dios, lograréis abarcar lo ancho, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo trasciende toda filosofía:
el amor de Cristo. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la Plenitud total de Dios" (Fil 3, 17-19).


ORACIÓN PERSONAL


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2ª MEDITACIÓN


La vida del cristiano


Vivo de la fe en el Hijo de Dios

Somos justificados por la fe en Jesucristo: "Sostenemos que el hombre es justificado por la fe, no por las obras de la Ley" (Romanos 3,28). La fe se hace operativa en el amor: "Lo que vale es la fe que actúa por medio del amor" (Gálatas 5,6). El amor da sentido y coherencia a la vida personal y comunitaria: "El amor no pasa nunca" (1 Corintios 13,8).

Hay correr el duro combate de la fe: "Ya sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio. Corred así para ganar." (1 Corintios 9,24).

El cristiano vive la fe
en la Iglesia, Cuerpo de Cristo: "El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo. Vosotros sois el Cuerpo de Cristo" (1 Corintios 12,27).

Debemos gloriarnos en la cruz de Cristo

El camino cuaresmal tiene como meta la
celebración de la Pascua: "Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua. Así, pues, celebremos la Pascua con los panes ácimos de la sinceridad y al verdad" (1 Corintios 5,7-8).

La nueva vida en Cristo surge del
bautismo, por el cual somos injertados en la muerte y resurrección del Señor, para andar en una vida nueva: "Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva" (Romanos 6,4). En la Vigilia Pascual los cristianos renovamos nuestro compromiso bautismal, renunciando al pecado y confesando nuestra fe en Dios, Uno y Trino.

La
Eucaristía, como misterio de la muerte y resurrección de Cristo, es la fuente y el centro de la vida cristiana: "Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del señor, hasta que vuelva" (1 Corintios 11,26). La comunión del Cuerpo del Señor no sólo nos une personalmente a Jesús, sino también a todos los miembros de su Cuerpo: "Y el pan que partimos, ¿no nos une a todos en el Cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan" (1 Corintios 10,16-17).

"Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos. Si morimos con él, vivimos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo" (2 Tim 2,8.11-13).

ORACIÓN PERSONAL


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EUCARISTÍA


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ORACIÓN ANTE EL SANTÍSIMO

LA TRANSFIGURACIÓN



"La Transfiguración es anticipación de la resurrección, pero esta presupone la muerte. Jesús manifiesta su gloria a los Apóstoles, a fin de que tengan la fuerza para afrontar el escándalo de la cruz y comprendan que es necesario pasar a través de muchas tribulaciones para llegar al reino de Dios. La voz del Padre, que resuena desde lo alto, proclama que Jesús es su Hijo predilecto. Para entrar en la vida eterna es necesario escuchar a Jesús, seguirlo por el camino de la cruz, llevando en el corazón, como él, la esperanza de la resurrección."
(Benedicto XVI, Cuaresma 2008)


Dios Padre nos revela:

  • "Este es mi Hijo amado; escuchadlo" (Marcos 9,).


San Pablo nos enseña:

  • "Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús" (Filipenses 3,8).
  • "Para mí la vida es Cristo" (Filipenses 1,21).
  • "Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí" (Gálatas 2,20).


Y Pedro nos dice:

  • "Fuimos testigos oculares de su grandeza. Esta Voz la oímos nosotros estando con él en la montaña santa" (1 Pedro 1,16.18).


  • "No habéis visto a Jesucristo y lo amáis; no le veis y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable" (1 Pedro 1,8).


Los Santos nos comunican:

  • "Todo el mundo es sombra, camino, vestigio y libro escrito por fuera. Pues en cualquier criatura resplandece el divino ejemplar, pero con mezcla de tinieblas" (San Buenaventura).
  • "Véante mis ojos, dulce Jesús bueno, véante mis ojos, muérame yo luego" (Santa Teresa de Jesús).
  • "Es necesario pasar por el desierto y quedarse allí, para poder recibir así la gracia de Dios: es allí donde se expulsa de sí todo lo que no es de Dios y se vacía esta pequeña casa de nuestra alma, para dejar todo el sitio solamente a Dios" (Carlos de Foucauld).





"Oigo en mi corazón: ¡Buscad mi rostro! Tu rostro buscaré, Señor. No me escondas tu rostro"
(Salmo 27).



GLORIFICAD A DIOS CON VUESTRA VIDA

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